Silvoterapia: el efecto terapéutico de los árboles

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Recuerdo que, hace muchos años, en los albores de mi camino en el mundo de las terapias naturales, asistí a un taller de abrazo a los árboles, en una de las primeras ediciones del Día de la Tierra en Barcelona. Apretando entre mis brazos un hermoso tronco del parque de la Ciutadella, cual pequeña koala, sentí que él me correspondía, y la experiencia me llenó de bienestar. Lo que no sabía en aquel momento es que había asistido a una sesión de Silvoterapia.

Bien sabemos que los vegetales producen oxígeno, por lo que son esenciales para la vida de todos los seres. De hecho, y corroborando la teoría de signaturas de Paracelso, no es de extrañar que la forma de los árboles reproduzca fielmente nuestro sistema respiratorio, que vehiculiza una de las constantes vitales de nuestra existencia. Ya dediqué un artículo hace algún tiempo al papel de la respiración en la salud humana, y al interés de respirar conscientemente, para lo que existen técnicas sencillas como la respiración diafragmática. La importancia de esta función fisiológica ya fue descrita por Hipócrates o por santa Hildegarda de Bingen, y ambos remarcaban la necesidad de acercarse a la naturaleza para mantener la salud.

Sin embargo, más allá de asegurarnos el aliento, esencial a la vida, y de aportarnos iones negativos, necesarios para nuestro bienestar, la Silvoterapia (del latín “silvo” bosque o selva), describe los efectos beneficiosos que los bosques ejercen en las diferentes dimensiones del ser humano.

Psicológicamente, un paseo entre pinos, abedules, abetos o robles, puede aportarnos inspiración, pues inhalamos aire puro que oxigena nuestro cerebro, pero también las ideas que flotan en el aire puro de una floresta, hogar de hadas, musas y duendes.

A nivel emocional, los árboles, a menudo centenarios, han visto pasar la historia y quizás por ello estén llenos de esa compasión que nos transmiten.

Espiritualmente, qué más simbólico que un árbol, que surge de las profundidades de la tierra para elevarse hacia el cielo, alcanzando, en ocasiones, la eternidad, además de conectarnos con nuestros ancestros.

Ideal para la gestión del estrés, el senderismo es una práctica que puede realizarse a distintos niveles, desde un paseo por el parque de nuestro barrio el domingo por la tarde, hasta los novecientos kilómetros del camino francés de Santiago. Puede darnos un poco de pereza, pero una vez que arrancamos, nunca nos arrepentimos y siempre acabamos preguntándonos porqué no lo hacemos más a menudo. Sólo hay que lanzarse, pues sumergirse en un “baño vegetal” puede ser tan preventivo de enfermedades y promotor de la vitalidad como el mejor de los suplementos. Si necesitáis consejo sobre qué flores de Bach tomar para motivaros, sólo tenéis que contactarme.

Aquí os dejo algunos de mis bosques favoritos, ¡buen camino!

La Fageda d’en Jordà – Girona

Parc natural de Collserola – Barcelona

Hampstead Heath – London

Photo by Brett Jordan on Pexels.com

El camino de Santiago – Navarra

Fuentes:

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