La dieta disociada, teoría y práctica

A pesar de sus detractores, la dieta disociada sigue constituyendo una opción rápida y sencilla de mejorar la digestión y controlar el peso. Aunque no sea una solución a largo plazo, siempre podemos usarla como comodín después de un periodo de transgresiones dietéticas. Aquí os dejo, naturófilos, un par de ejercicios para aprender a ponerla en práctica.

Desde que en 1911 William Hay popularizara su régimen protéico en los Estados Unidos, otros especialistas de la alimentación han desarrollado planes dietéticos basados en la disociación de los alimentos por categorías. Entre ellos encontramos Albert Antoine, quien en 1932 recomendaba consumir un sólo tipo de alimento al día, Herbert Shelton que en los años 50 apostaba por un grupo por comida, hasta llegar a Michel Montignac, que en 1987 publicó su libro “Je mange, donc je maigris”, en el que afirma que separar las proteínas de los glúcidos contribye a controlar el índice glicémico.

Como suele suceder con todas las dietas “milagro”, un estudio más concienzudo y, sobretodo, la experiencia, demostró que si bien la dieta disociada resulta eficaz en el control del peso y en la mejora de la digestión, a largo plazo puede conllevar carencias responsables de trastornos en los distintos sistemas corporales. Un ejemplo sería (si estos estudios están en lo cierto), el hecho de que para producir serotonina (neurotransmisor regulador del estado de ánimo), es necesario asociar una proteína con un hidrato de carbono en una misma comida.

No obstante, si tenemos en cuenta todas las ocasiones que se nos presentan de saltarnos la dieta, por muy juiciosos que seamos, considero que dificilmente llevaremos la dieta disociada a rajatabla. Por lo que, si bien es necesario estar informados de los riesgos que puede conllevar este modo de alimentarse, llevada de una manera razonable la dieta disociada es relativamente inofensiva, además de eficaz y sencilla.

¿Os tienta, naturófilos? Si es así, el primer paso consiste en identificar los grupos de alimentos, y para ello os invito a un pequeño ejercicio, a ver qué tal se os da: (haced clic en el enlace)

Los grupos de alimentos

De modo que ya tenéis claro lo que es un alimento rico en proteínas, en glúcidos, en grasas o en fibras, aunque, evidentemente, existen alimentos como las légumbres que son, a la vez ricas en proteína y en glúcidos, o el queso, rico en proteína y en grasas.

Ahora que tenemos claras las diferentes categorías, de lo que se trata es de no mezclarlas, principalmente las protéinas (como la carne) con los glúcidos (como la pasta) en la misma comida. De manera que si cocinamos pasta, la salsa debería estar hecha de verduras, pero no de carne ni de pescado. Este es un ejemplo sencillo y bastante evidente, pero para ayudaros a identificar las buenas o malas asociaciones, os propongo otro ejercicio, ¿aceptáis el reto?

Las buenas asociaciones de alimentos

¿Qué os ha parecido? La dieta disociada se apoya sobre la teoría de que los glúcidos necesitan un pH alcalino para ser digeridos, mientras que las proteínas necesitan uno ácido. Al mezclar estos alimientos se produciría una confusión digestiva responsable de la malabsorción, gases, retención de líquidos y acumulación de grasas.

En realidad es bastante sencillo, pues no es necesario contar calorías y, teóricamente, no hay límite de cantidad, además de que todos los grupos de alimentos están incluídos. Aunque luego el juego se complica un poco, pues existen “sugrupos” dentro de las proteínas y los glúcidos. En efecto, encontramos “proteínas fuertes” como la carne o el pescado, y “proteínas débiles” como las legumbres. Del mismo modo existen “glúcidos fuertes” como la pasta o el pan, y “glúcidos débiles” como los boniatos, o las calabazas.

De esta nueva clasificación se derivan otras combinaciones posibles, que resuelven parcialmente el problema de las carencias provocadas por la disociación. Así, es posible consumir una proteína fuerte como el jamón, con un glúcido débil como la chirivía. Del mismo modo, podemos consumir un glúcido fuerte como el arroz con una proteína débil como los guisantes.

También debe saberse que, según esta dieta, la fruta debe consumirse sola, lejos de las comidas, pues necesita mucho menos tiempo para digerirse.

Aquí os dejo una tabla orientativa de las posibles combinaciones. El resto es cuestión de echarle imaginación y de no tomarselo a rajatabla. Ya me contaréis.

Fuentes:

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