Wild Rose: la alegoría del martirio

Una vez más, y por obra de una armonía cósmica en la que creo fervientemente dadas las evidencias, esta flor llega a mí en el momento en que debo elegir entre insistir trabajándome un tema del tipo “caso perdido” o renunciar a él y focalizar mi energía en otra cosa. Es decir, llega en el momento idóneo.

Podríamos, a primera vista, pensar que esta es una cuestión correspondiente a Gorse, pues la toalla ya ha sido tirada y no hay esperanza, pero esta flor me ayudaría si, aún habiendo renunciado, hubiese todavía una pena por no haber conseguido el objetivo y un secreto deseo de alcanzarlo. No es el caso. El momento en el que me encuentro con respecto a ese asuntillo largamente pendiente, está más allá de la renuncia, pues me he acomodado en la frustración de no haberlo resuelto, y es eso precisamente de lo que trata Wild Rose.

Sin duda, y apelando a un poco de auto-compasión, considero que tengo motivos para sentirme escéptica, pues no puedo decir que no haya intentado diversas estrategias. Sin embargo, tengo que reconocer que he sido también muy hábil en encontrar convincente argumentación (para conmigo misma) para defender que, al fin y al cabo, no necesito resolver ese tema, que no debo ser cabezona, que debo aceptar, y que estoy bien como estoy. Es aquello de que “las uvas estaban verdes”.

Pero estas semanas la Rosa Canina me ha hecho bajar del burro y reconocer que no estoy nada cómoda con respecto a este tema y que, lo de la cabezonería y la no-aceptación son excusas convenientes para justificar mi holgazanería. Y que mi actitud de mártir no me beneficia en nada.

Así que, convencida por la Rosa silvestre, elijo continuar con mis clases de Tango en este nuevo curso escolar, para seguir intentando conectar con ese lado Yin mío que se me resiste, con la receptividad, con la espera, con la escucha, con la comunicación con el polo opuesto, y no pensar que mi naturaleza es irremediablemente Yang, pues el Tao nos enseña que Yin y Yang son indivisibles. La alternativa por la que había, inicialmente, optado era clases de Samba, que se baila sola y que se me da mejor.

Lo gracioso del tema es que, finalmente, por carambola cósmica, y una vez he elegido Tango, se me da la opción de tomar también las clases de Samba, y con ello compruebo una vez más que cuando no insistimos en un extremo de la balanza, conseguimos el equilibrio del todo.


Próxima semana: Willow (Salix vitellina)

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