Water Violet: la distancia más corta

Para alguien de características Water Violet como yo, es difícil identificar el aspecto negativo de esta flor, aun consultando a los autores, pues el querer estar solo en la enfermedad, el retiro emocional y social, y el intentar resolver los problemas por uno mismo sin tener que molestar a nadie innecesariamente, por ejemplo, son actitudes que, aunque otros calificarían de anti-sociales, a los Water Violet nos enorgullecen.

Y ciertamente, el tomar distancia de personas y situaciones nos permite valorar las circunstancias con cierta objetividad y verlas desde fuera o, en nuestro caso, desde arriba. Si, de acuerdo, hay un punto de arrogancia en ello, y quizás de superioridad, pero el caso es que, aunque no necesariamente hagamos alarde de ello, somos muy conscientes de las cualidades por las que destacamos y en base a ellas nos posicionamos unos escalones más arriba.Y desde allí miramos al prójimo que, aunque lo tengamos por igual, desde la cima se ve más pequeño.

Esta es la secreta pose de los de mi calaña, y lo peor es que, generalmente, no estamos dispuestos a renunciar a ella, pues la misma soberbia no nos permite percibir los motivos por los cuales deberíamos tomar la Hottonia palustris. Pero la toma intensiva de la flor esta semana ha conseguido desplazar el velo de altanería que ciega mi corazón, y disipar los humos que me envuelven y no me dejan ver. Y lo ha hecho a través de un filme llamado “The Fall” (la caída)   https://www.youtube.com/watch?v=SbzNrThw_gA el cual ya había visto en un par de ocasiones, pero que esta semana, por “casualidad” se me antojó asistir de nuevo. La película describe la relación de dos pacientes en un hospital de California a principios del siglo XX, una niña rumana y un actor de efectos especiales, ambos con fracturas en las extremidades. Más allá de la belleza de las imágenes, pues la cinta mezcla una triste realidad con la más colorida fantasía, lo que me conmovió fue la belleza de la relación entre ellos dos, su complicidad, su conexión, y esa privacidad que comparten protegidos por las cortinas de una cama de hospital.

Ahí vi el problema de la Violeta de agua, en la distancia nos perdemos esa deliciosa magia que se establece, a veces, con aquellos a quienes osamos acercarnos de veras. Y digo de veras porque es muy fácil vivir rodeado de gente, tener relaciones, socializar, participar de la comunidad, y aún así ser como la princesa del castillo, inaccesible y solitaria. De hecho muchos Water Violet pasan desapercibidos pues pueden ser, superficialmente, muy sociables.

Sin embargo, aunque el retiro y la autosuficiencia puedan ser útiles y necesarios en muchas ocasiones, y la proximidad al calor del fuego de una relación pueda acabar quemándonos, cabe recordar que los humanos somos seres sociales por naturaleza (o así lo aseguran los biólogos), y que es una lástima pasar por la vida sin regalarle a otro, de vez en cuando, la calidez de nuestro corazón.

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