Scleranthus: la eterna encrucijada

Dicen que la vida que vivimos es el resultado de nuestras propias elecciones, y que con cada elección ganamos y perdemos algo a la vez. Lo cual, para muchos, no supone un drama particular, sin embargo para otros, yo entre ellos, implica un dilema a menudo complicado de resolver.

Por ello, la botellita de Scleranthus acompaña a Impatients y algunas otras en la repisa de mi cocina, para no olvidarla por las mañanas, pues la dialéctica de la vida es algo que, lejos de divertirme, me produce cierto grado de ansiedad. Cuento incluso entre mis amistades quien insinua que tengo algo de bipolar, pues el péndulo de mis actitudes y decisiones oscila frecuentemente entre dos extremos bastante distantes.

Y es que la eterna disyuntiva entre A y B, cuya resolución nos facilita la Scleranthus annuus, puede, en algunos individuos, suponer un conflicto existencial importante, pues más allá de elegir entre corbata roja o corbata verde, hay elecciones que suponen un completo replanteamiento de la vida y un cambio de dirección. Y el riesgo de una pérdida o equivocación irremediables, asusta.

En mi caso, siendo Leo con ascendente Sagitario, las decisiones se debaten a menudo entre lo doméstico y lo mundano, entre lo estable y lo aventurero, entre el control y el descontrol, sintiendo que cuando satisfago una tendencia, la otra queda frustrada, teniendo que contentar a cada aspecto por separado y por turnos. Es complicado.

Pero la toma intensiva de Scleranthus esta semana ha arrojado nueva luz a esta irreconciliable dualidad, y lo ha hecho en forma de caballo de espadas en la baraja de Rider Waite. La energía aventurera de este naipe, del elemento aire, es estimulante y necesaria para embarcarse en proyectos con audacia y sin temor, pero tiene poca mecha. Necesita la influencia de otra energía más terrenal y estable que le ayude a continuar la batalla una vez pasada la emoción inicial, para poder dar una continuidad más a largo plazo al proyecto.

Y así descubro, de repente, que mi avance en zig-zag, encaramada a mi oscilante péndulo que va de un extremo a otro en mi supuesta bipolaridad, lejos de ser un impedimento, hace que mi camino abarque más territorio, más experiencias, y más conocimiento, aunque quizás sea más lento, y recuerdo también que el equilibrio no es un concepto estático sino dinámico, ya que la falta de oscilación no es necesariamente equilibrio, sino estancamiento.

¡Qué liberación! Por otro lado, estoy segura de que algo debió recordar a Dorothy que todos los caminos llevan a Roma, por lo que cualquier sendero de baldosas amarillas la conduciría a Oz. Quién sabe, tal vez estaba tomando Scleranthus.

Próxima semana: Estrella de Belén (Ornithogalum umbellatum)

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