Gorse: el último aliento

Si en estado Gentian sentíamos nuestra fe flaquear ante la adversidad, cuando atravesamos un momento Gorse, es que ya hemos tirado la toalla.

Como siempre, puede tratarse de algún aspecto concreto de nuestras vidas, aunque en el resto estemos triunfando o, por lo menos, sigamos creyendo en nuestras posibilidades. Pero cuando nos hemos rendido ante algo que consideramos un caso irremediablemente perdido, y ya no tenemos reservas de fe a las que echar mano, es el momento de acudir a la Aulaga.

Yo, optimista de nacimiento, no había considerado nunca tomar esta flor, y me resultaba francamente difícil identificarla en otros, entre otras cosas porque una persona en estado Gorse no acude a la consulta de un terapeuta floral (a no ser que lo arrastre otro), pues considera que el caso ya no tiene solución.

Sin embargo, una vez más, la toma intensiva de la Ulex europaeus ha hecho resaltar esta semana aquel aspecto de mi vida ante el que tengo cierta actitud de renuncia, mi rincón Gorse particular. Y lo ha puesto de manifiesto en forma de clases de Tango, danza que había deseado durante mucho tiempo aprender y que, ahora que me he iniciado, ha planteado un inesperado dilema.

Acostumbrada a dirigir mi vida de manera independiente, el Tango viene a exigirme que sea otro el que dirija mis pasos, que me deje llevar. Se que sólo es una clase de baile, un ejercicio, pero ni en ese contexto me siento a gusto en el rol pasivo y femenino de los bailes de salón. Mi naturaleza asertiva y mi poca paciencia se resisten a tener que seguirle el ritmo a otro, y en vista de la escasez de parejas de baile que sepan llevarme, siento una inclinación a bailar sola. Pero el Tango no puede bailarse sola, así que me planteé cambiarme a Bollywood, que se baila suelto y es menos trágico. Pero me gusta mucho el Tango, y Gorse me revela que, en el fondo, me da rabia haberme rendido.

Así que me calzo una vez más los zapatos de tacón, y haciendo apego a mi lado Yin, me dispongo a darle otra oportunidad a esa mujer interna que sabe dejarse llevar, a pesar de la torpeza del otro, y no por ello ser menos digna.

Próxima semana: Heather (Calluna vulgaris)

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